El Estilo del Periodista Resumen Parte 1

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 Resumen: primera parte de que es el estilo, y que podemos utilizar para mejor nuestro estilo al escribir.

       EL  ESTILO

Podemos establecer en primer  lugar una  división entre estilos correctos e incorrectos; y después, literarios y no literarios.

El estilo simplemente correcto, puede apreciarse en las noticias bien escritas y sin excesivas pretensiones, donde el periodista no traslada sus aspectos personales y donde maneja un lenguaje objetivo. El estilo incorrecto de relaciona más con los errores gramaticales y de sintaxis, o con el empleo de unas formulas, giros, o frases que no convienen al tipo de escrito que manejamos.

Incluso en el leguaje puramente informativo y correcto se puede buscar el estilo personal, ya desde la misma entradilla.

EL BUEN ESTILO

El estilo es la claridad: El estilo periodístico ha de esculpirse con claridad, sin ambigüedades.  “Un frase periodística tiene que estar construida de tal forma que no sólo se entienda bien, sino que no se pueda entender de otra manera”.

A veces, ese doble significado casual da lugar a conjuntos un tanto chuscos, inopinadamente humorísticos y en ocasiones con doble sentido chabacano.

Ejemplos:

“El hijo de un tenor siciliano descubre en Almagro el órgano de su padre” (subtitulo)

“Dos mujeres mueren al chocar el coche en el que viajaban con otro” (titular)

Y si le damos deliberadamente un doble sentido, debemos conseguir que ambos significados tengan razón de ser. —à revisar Pág. 307.

 

Ordenación lógica: “La  claridad exige la lógica y la ordenación expositiva, que no se dan a menudo”. El buen estilo del informador se aprecia en la estructura de que dota a sus artículos, noticias, o reportajes. Apoyarse sobre todo en la coherencia, por lo tanto, y en progresión de la ideas, por otro: no se pueden dar saltos argumentales en el vacío. “Jamás escribas nada que tu no entiendas”

El estilo es la sorpresa: El dominio del estilo correcto nos permitirá entrar en el estilo literario. El estilo literario se basa principalmente en la sorpresa. El lector ha de toparse con pequeños sobre saltos  en el texto, que le harán disfrutar y alejarse del tedio.

Por ejemplo, cada vez que el articulista intuya que va a redactar lo que el lector espera, deberá cambiar la formula, al menos en la segunda parte de la frase. Y sorprenderle. Si estamos tentados de escribir que en aquel acto social “había tanta gente que no cabía ni un alfiler”-frase que el  lector cree que terminara así una vez que ha visto cómo se empieza-, podremos sorprenderle desde varias perspectivas: por ejemplo, desde el vocabulario, escribiendo, que “no cabía un bigudí” (un alfiler de pelo, usado normalmente para sujetar el mono); o desde la sintaxis y la construcción: “había tanta gente que los alfileres se quedaron fuera”. Expresadas de esta manera, esas frases pueden aligerar la exposición y servir de leve divertimiento al lector.

La sorpresa no sólo debe ser formal. También de contenido: el articulista podrá desarrollar determinada trama- pequeña, por fuerza- y dar de repente un volantazo para salir por donde nadie lo esperaba. Eso transmitirá cierto aire de genialidad, con tal de que la conclusión no resulte descabellada. (y si resulta descabellada, que resulte graciosa).—àrevisar ejemplo en la pagina 309

Otra formula de terminar en sorpresa consiste en situar juntas palabras extrañas entre sí. Por ejemplo, asociar un nombre concreto con otro abstracto: “Tienes que operarte del carácter” “Voy a casa a cambiarme de traje y de marido” “He salido deprisa de mi casa y se me ha olvidado la sonrisa”.

El estilo es el humor: El humor representa una variedad de la sorpresa. Y forma parte esencial del estilo. Se puede manifestar incluso en textos informativos, pero eso requiere de cierta elegancia para que el periodista no quede como un graciosillo.

Ejemplo: “Ya la sola mención del nombre da dolor de cabeza: migraña”

Pero el articulista no deberá tanto hacer chistes como seguir un relato lúdico. Par ello, un recurso muy utilizado consiste en reducir al absurdo las tesis que se refutan; y otros parten de la contraposición – la paradoja- de ideas o hechos, o de la reiteración – uno de los recursos del chiste es la repetición de una expresión, una idea, o una frase-, o  de la personificación y la reificación (hacer que los objetos adopten un papel humano y viceversa).

El efecto humorístico no se puede escribir de cualquier manera.

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